Este artículo tiene unos cuantos años, fue escrito con el comienzo del milenio, y nos lleva a reflexionar como era necesario cambiar el paradigma para hacer negocios en un ambiente cambiante y lleno de incertidumbre, poniéndo a la innovación como factor central en el desarrollo de las "nuevas" empresas.
Cambio de paradigma
Con la llegada de nuevas
formas de organización, ahora las empresas deben aprender a soñar
Es el momento de aplicar
la innovación no lineal para crecer
El mayor logro de la era
industrial fue la noción de mejora continua
Luego llegó el turno de la reingeniería
Hoy, la brecha entre lo
imaginado y lo posible nunca fue tan pequeña
Cada era llega con su propia combinación de promesas y peligros, y
ésta alberga mucho de ambas cosas. Pero hay una razón para tener más esperanzas
que temores, porque la era de la revolución pone a disposición oportunidades
inéditas para la humanidad. A lo largo de toda la historia, los seres humanos
anhelaron explorar otros mundos, revertir los estragos del envejecimiento,
trascender las distancias, modelar el medio ambiente, superar estados de ánimo
depresivos, compartir cualquier porción de conocimiento que pudiera existir en
algún lugar del mundo. Con la Mars Pathfinder, la regeneración de tejidos, la
tecnología de videoconferencias, la realidad virtual, los medicamentos
antidepresivos y los portales de Internet cada uno de esos sueños empezó a
convertirse en realidad. Por cierto, la brecha entre lo que podemos imaginar y
lo que podemos lograr nunca fue tan pequeña.
En la era del progreso, el futuro era mejor que el pasado. En la
era de la revolución, el futuro será diferente del pasado y, quizás,
infinitamente mejor. Lo que heredamos ya no es nuestro destino. Hoy, sólo
estamos limitados por nuestra imaginación. Sin embargo, aquellos que pueden
imaginar una nueva realidad siempre fueron menos que quienes no pueden.
Da Vinci y los otros
Por cada Leonardo Da Vinci, Jonas Salk o Charles Babbage hay
cientos de miles de personas cuya imaginación es incapaz de despegarse de los
pegajosos surcos de la historia. Si bien todo puede ser imaginado, muy pocos
parecen en condiciones de liberarse de las ataduras de un mundo lineal. Pero
los individuos y las organizaciones que no sean capaces de vencer la atracción
gravitatoria del pasado quedarán excluidos del futuro.
Para entender cabalmente la promesa de esta nueva era, cada uno de
nosotros debe convertirse en un soñador y, al mismo tiempo, en un actor. En la
era del progreso, los sueños eran, a menudo, poco más que románticas fantasías.
Hoy, como nunca, son puertas de acceso a nuevas realidades. Las organizaciones
también deben aprender a soñar. En muchas, la imaginación colectiva no dio
frutos. ¿Cómo explicar, si no, el hecho de que tantas hayan sido
"sorprendidas" por el futuro?
La señal de logro de la era industrial fue la noción de mejora
continua. Y sigue siendo la religión de la mayoría de los managers. Su primera
encarnación fue el "management científico" de Frederick Taylor, que
es el padrino espiritual de cada gerente y consultor que alguna vez quiso
describir, medir y mejorar un proceso de negocios.
El aprendizaje organizacional y la gestión del conocimiento son
primos hermanos de la mejora continua. Tienen mucho más que ver con la meta de
ser mejor que con la de ser diferente. El logro decisivo de la era del progreso
fue convertir el conocimiento en un bien indiferenciado, un commodity. Sin
embargo, en la era de la revolución no es el simple conocimiento lo que
producirá nueva riqueza, sino la perspicacia, por cuanto implica la agudeza de
ingenio que permite detectar oportunidades para la innovación discontinua.
En un mundo no lineal, sólo las ideas no lineales crearán nueva
riqueza. Hace mucho tiempo que la mayoría de las empresas llegó al punto de los
rendimientos decrecientes en sus programas de mejoras graduales. La mejora
continua es un concepto de la era industrial y, si bien es mejor que nada, su
valor es marginal en esta nueva era. La innovación radical es la única manera
de escapar a la despiadada hipercompetencia, que ha derrumbado los márgenes de
ganancias, industria tras industria. La innovación no lineal exige que una
compañía se libere de ataduras e imagine soluciones absolutamente nuevas para
las necesidades de los clientes.
La reducción de personal no es la única forma de ganar eficiencia.
Muchas empresas entendieron el mensaje. Aunque los despidos siguieron en el
mismo nivel, los directivos se preocuparon por cómo aumentar los ingresos. Pero
no resulta fácil si se aplica una estrategia que es más de lo mismo.
Crecer v. recortar
El desafío no es crecer v. recortar. El crecimiento no es el
antídoto para reducir costos; uno no excluye al otro. Después de todo, ingresos
y costos juegan papeles igualmente importantes como impulsores de las
ganancias. En la actualidad, la verdadera cuestión es la innovación lineal
versus la innovación no lineal; ya se trate del desafío de empezar a crecer a
gran velocidad o de eliminar una gran porción de los costos.
¿Por qué es inevitable que las operaciones bancarias se hagan vía
Internet? Porque el costo estimado de una transacción en Internet es el 1 por
ciento del costo de una transacción en una sucursal, con la asistencia de un
cajero. Cuando una empresa elimine el 99% de la estructura del costo de un
producto o servicio, seguramente cambiará la estructura de la competencia.
Si usted está tratando de aumentar sus ingresos o reducir costos
con un enfoque de "línea recta", pronto advertirá la "brecha de
innovación" que lo separa de competidores que pudieron romper las convenciones
y lograron grandes cambios. Cada vez, el mundo está más dividido en dos tipos
de organizaciones: las que no van más allá de la mejora continua y las que han
dado el salto a la innovación no lineal.
Por Gary Hamel
Para LA NACIÓN

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